Trabajando desde su laboratorio en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), Harold Hindman se dio cuenta de que ninguna máquina de ensayo disponible era capaz de evaluar adecuadamente nuevos textiles como el nailon y el rayón. Su colega George Burr, sin embargo, estaba trabajando con un nuevo dispositivo llamado extensómetro que se utilizaba para evaluar materiales de construcción empleados en zonas sísmicas.
Harold y George unieron sus conocimientos y crearon un nuevo instrumento de ensayo que utilizaba un extensómetro como transductor de célula de carga. Esta innovación permitió a la nueva máquina realizar ensayos a una frecuencia mucho mayor que cualquier otra disponible en ese momento, lo que la hacía perfecta para evaluar textiles.